• un día

Camino hacia la victoria

Por: Tomás Böhmer Eder


Quedan menos de dos meses para las elecciones en Estados Unidos entre el presidente Donald Trump, que busca su reelección, y el ex vicepresidente Joe Biden. Estas elecciones vienen en un tiempo inusual, con una pandemia que ha azotado al país con miles de muertes y casos. Mientras tanto, disturbios civiles están destrozando ciudades y negocios. Estos dos meses son los más cruciales para la elección, ya que ambos partidos tuvieron sus convenciones y faltan los tres debates que usualmente se hacen en cada elección. En tiempos difíciles y en una elección tan importante para los Estados Unidos, ambos candidatos tienen que presentar su mensaje de la manera más efectiva posible.


Por un lado, el mensaje de Donald Trump es claro. Después de reabrir la economía éxitosamente con números esperanzadores para Estados Unidos, su camino a la reelección parece próspero. Además su partido tuvo una exitosa convención donde recaudaron más de 75 millones de dólares y los ratings fueron inmejorables, comparados a los tristes ratings de la convención demócrata. Sus cuatro años restantes apuntan a una bonanza económica. El virus ha afectado varios sectores de la economía, pero gracias a la fuerte economía que ha mantenido su gobierno, se han generado millones de trabajos en los últimos tres meses, más de los que generó Obama en ocho años. La bolsa está teniendo numerosos récords, con el Dow Jones llegando a los 29,000 dólares. Su administración se enfoca en llegar al próximo año con una vacuna efectiva para el Coronavirus, la cual se estima que llegue en noviembre.


En los cuatro años de gobierno se puede decir que Donald Trump ha cumplido con sus promesas. Donald Trump cumplió con salirse de acuerdos comerciales que no beneficiaban a este país, como NAFTA o el Acuerdo nuclear de Irán y creó unos más eficientes. También, recortó regulaciones e impuestos a la clase media que impedían una libertad económica, la cual Estados Unidos perdió con el pésimo manejo de Obama. Ni más faltaba, el gobierno de Trump destruyó por completo a ISIS y se convirtió en el primer Presidente en no invadir a ningún país en su primer mandato. Se construyó un muro en el borde con México, rebajando los índices de violencia y narcotráfico. En pocas palabras, Trump hizo lo que la clase política nunca esperó, cumplió su promesa. Los demócratas están desesperados para recuperar su poder con cualquier medio necesario. Están enojados con él porque en lugar de ponerlos a ellos primero, puso a Estados Unidos primero.


Estados Unidos está pasando por momentos difíciles, el Coronavirus ha dejado una gran huella en este país al igual que las “protestas” y disturbios sociales. La gente está cansada de que en Estados Unidos llamen a unos delincuentes anarquistas como “manifestantes pacíficos”. Está gente que supuestamente quiere lograr justicia para la raza afro-americana ya ha matado a más personas que la policia ha matado a negros en este año. Organizaciones como Antifa (Antifascismo) o Black Lives Matter (conocida como BLM) se hicieron pasar por organizaciones pacíficas y ahora están creando un verdadero caos. Cabe resaltar, que las ciudades más afectadas, donde se ve más violencia y desorden, son ciudades con gobernadores y alcaldes demócratas que se han negado la ayuda del gobierno federal. Por un lado Antifa que su “objetivo” es acabar con el facsismo, lo está aplicando en sus prácticas. Una de sus famosas actividades es tirarle malteadas y atacar brutalmente a personas que van en contra de sus ideales. ¿No les suena facista? Por otro lado BLM, que se ha popularizado en las redes sociales también es una organización violenta. Fue fundada por tres mujeres completamente marxistas que pretenden desfinanciar a la policía y acabar con la democracia y el capitalismo. Cabe recalcar que esta organización incita casi todos los días a que la gente salga a “marchar” causando un desorden civil tremendo. Lo más interesante es que los demócratas, incluyendo al candidato Joe Biden, no han podido condenar estos disturbios ni estas organizaciones criminales. La única explicación lógica es que esos son los votantes de Joe Biden. Biden se ha visto afectado en las encuestas por esta grave situación, e inclusive algunas muestran un empate técnico entre los dos. En estados cruciales que definen una elección como Michigan o Pensilvania, Joe Biden ha perdido más de diez puntos en las encuestas mientras que Trump gana terreno, cuando decidió reanudar sus famosos rallies.


A Joe Biden le ha costado ser candidato. Desde las primarias demócratas hemos visto su decadente figura. Le cuesta hablar, confunde a su hermana con su esposa, dice que se está lanzando para el senado, le cuesta acordarse de donde está y su staff de campaña le sugiere que no tome preguntas de los medios, con el miedo de que “meta la pata” como lo ha hecho en toda su campaña. Al principio de esta pandemia hubo esperanza por Joe Biden, pues estaba en su sótano, donde nadie lo veía, ni tenía donde equivocarse cada vez que hablaba. Sin embargo, las últimas demostraciones civiles lo han afectado gravemente. Se ha demorado mucho en condenar la violencia y el caos, eso causó unas grandes pérdidas en las encuestas. Su oponente no ha perdido el tiempo y volvió rápido a hacer campaña. Se ven en estados claves eventos políticos de miles de personas, mientras que Biden hace eventos de 10 a 20 personas. No solo eso, el nombramiento de Kamala Harris como vice-presidente causó polémica porque ella misma lo ha llamado racista en un debate. Eso sí, hay entusiasmo por sacar a Donald Trump, pero no el suficiente para sobreponerse a la mayoría silenciosa. Lo he dicho, van a hacer cualquier cosa para sacarlo de la casa blanca. Pero hay algo muy claro, hay cero entusiasmo por Joe Biden. Estados Unidos tendrá que tomar una gran decisión este 3 de noviembre, seguir en el camino hacia la victoria o escoger a alguien que no ha hecho nada por los Estados Unidos en 50 años como político. ¡Es hora de Keep America Great!

Esta es mi predicción electoral.




Lo expresado en estos artículos corresponde a la opinión de sus autores, estudiantes de la electiva de Periodismo; no corresponde a una postura institucional.

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