• Sebastián Mejía

La cura para los corazones rotos

Por: Sebastián Mejía, 12°


La cura para los corazones rotos

Por: Sebastián Mejía

Solo hay una cura para los corazones rotos. Es algo como una vieja cinta de enmascarar que junta mil pedazos de esperanza quebrantada, convirtiéndolos en una leve imitación de lo que solían ser.

Corazones rotos y promesas quebrantadas, palabras que no fueron más que eso, destruidas por un olor a olvido y caña de azúcar.

Supongo que te preguntas por qué llegué así, con unas ojeras que se descuelgan hasta el suelo, y mis ojos mirándolas, con una expresión de cansancio y de derrota. Mientras, la respiración se confunde con la mente distraída por un vago recuerdo de la noche anterior. Es evidente que perdí. Te hice una promesa que no fui capaz de cumplir; gracias a las pasiones embriagadas de dos enamorados solitarios. Tú me prometiste lo mismo que yo a ti, y existe la posibilidad de que también hayas roto tu promesa.

Ayer te noté triste, era evidente que algo te había pasado, hasta puede que haya sido lo mismo que me pasó a mí. Te pregunté que cómo estabas. Argumentaste cansancio, tratando de ocultar la tristeza que se te notaba en los ojos. Brillantes, debido a un perceptible mar de lágrimas que estaba a punto de desbordarse por tu pálido rostro.

He estado pensando en ti y en tu corazón roto. El que has tratado de curar con prescripciones rancias y actos desbocados. Yo he hecho lo mismo y me arrepiento. Nunca he sabido a dónde ir, y ahora lo sé menos que nunca. Deambulo por la oscuridad de un camino desolado, de vez en cuando veo luces titilando en mi periferia. Tal vez no estoy solo, pienso. Pero poco a poco me doy cuenta que son solo espejismos. No sé cómo es tu camino, sospecho que es diferente al mío, pero nos une la oscuridad, la desolación, un sentimiento, y una búsqueda. Una derrota y un derrotero en el que nos perdemos. Buscaré un escape. No sé si harás lo mismo. Tal vez así encontraremos la cura para los corazones rotos.

Perdámonos en las palabras que nunca dijimos, en sueños que hemos tenido que olvidar, nademos por el deliquio de las lágrimas y las botellas enmarcadas. Aunque nos terminaremos dando cuenta que poner una cinta sobre una herida abierta es inútil.

...

Entonces elevémonos del suelo y volemos. Juntos recorramos todo el cielo, y detengámonos en los luminosos verdes de la aurora boreal. Allí, puede que descubramos la verdadera cura para los corazones rotos y que recuperemos la capacidad de amar plenamente a alguien. También, puede que ese alguien nos lleve a volver a empezar nuestra travesía en busca de la cura para los corazones rotos. Puede que nunca la encontremos, pero seguiremos buscando, porque lo único que verdaderamente deseamos es amar y ser amados.

Lo expresado en estos artículos corresponde a la opinión de sus autores, estudiantes de la electiva de Periodismo; no corresponde a una postura institucional.

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