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La pobreza extrema en Cali, Colombia

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  • hace 2 días
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Por: Valeria Soto Busi

A las cinco de la mañana, por el oriente de Cali, ya está despierta María Fernanda, de 38 años. Ella reside en el distrito de Aguablanca, vive en una casa de madera y zinc y la comparte con sus tres hijos. "Aquí uno no piensa en cómo poder progresar, sino en qué va a comer hoy". En casa, los ingresos mensuales son inferiores a 300.000 pesos;  divididos entre 4 personas,  no llegan a 75.000 pesos por persona. La ubicación de su hogar se encuentra muy por debajo de la línea de pobreza monetaria extrema, la cual es definida por el DANE, que en lo urbano se establece en la parte inferior entre 200.000 y 220.000 pesos mensuales por persona. Está muy bajo el nivel de la línea de pobreza de forma monetaria general que se encuentra por 430.000 a 450.000 pesos por persona, el umbral de pobreza donde no se habla de alimentación, sino de cualquier tipo de gasto básico, por ejemplo: vivienda, transporte, servicios públicos, etc.


En algunos sectores de Cali, la pregunta no es qué comer sino si habrá comida. Aunque la ciudad es uno de los principales centros económicos del suroccidente colombiano, miles de personas viven en pobreza extrema, es decir, con ingresos que no alcanzan para cubrir una canasta básica de alimentos. 


La pregunta es inevitable: ¿Por qué, pese a los planes sociales y el crecimiento urbano, la pobreza extrema sigue afectando a una parte significativa de la población caleña? 


De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la pobreza monetaria y la pobreza extrema han tenido variaciones en los últimos años, pero siguen afectando a una proporción significativa de la población urbana. En 2024, un informe publicado por el periódico El País revela que la pobreza monetaria en Cali fue del 23,6%, lo que significa que más de $ 535.000 personas en Cali vivían en condiciones de pobreza monetaria ese año, es decir, con ingresos por debajo de lo suficiente para cubrir una canasta básica de alimentos.  


En el área metropolitana de Cali, las estadísticas más recientes del DANE indican que decenas de miles de personas sobreviven con ingresos por debajo de esa línea. Esto implica que no pueden garantizar tres comidas diarias, acceso estable a servicios públicos o condiciones dignas de vivienda.  

 

Un informe del programa “Cali Cómo Vamos”, iniciativa que hace seguimiento a la calidad de vida en la ciudad, advierte que las brechas sociales se concentran en el oriente y en zonas de ladera. Allí confluyen desempleo, informalidad laboral y bajo acceso a la educación superior. 


María Fernanda trabajaba como empleada doméstica antes de la pandemia. Desde entonces, solo consigue trabajos esporádicos lavando ropa o vendiendo dulces en los buses. “Hay días que hacemos una sola comida. Mis hijos ya saben que cuando no hay, toca aguantar”, afirma. 


Uno de los principales factores asociados a la pobreza extrema es la informalidad laboral. De acuerdo con  la tasa de informalidad laboral en Cali y su área metropolitana publicada por el DANE en 2024, aproximadamente del 46% - 48%, es decir, de cada 100 personas ocupadas en Cali, alrededor de 47 trabajan en la informalidad sin contrato estable ni seguridad social. 


La informalidad implica ingresos variables e inestables. Para muchos hogares, cualquier enfermedad, pérdida de empleo o aumento en el costo de los alimentos puede empujarlos por debajo de la línea de pobreza extrema.


El economista y docente de la Universidad del Rosario Alejandro Useche, quien ha analizado públicamente temas de desarrollo y desigualdad regional, ha señalado en distintos espacios académicos que Cali enfrenta un problema estructural de generación de empleo formal. Según su análisis, la ciudad no ha logrado absorber laboralmente a su población económicamente activa en condiciones dignas, especialmente en sectores históricamente marginados.


Debido a la situación, desde la administración municipal, se ha promovido la adopción de programas de ayuda social y de articulación con el Gobierno nacional. El Departamento de Prosperidad Social (DPS) hace transferencias monetarias a los hogares en situación de pobreza y de pobreza extrema; la Alcaldía de Cali, a su vez, adelanta programas de comedores comunitarios y de atención a la población vulnerable.


La Alcaldía ha declarado en sus comunicados oficiales la existencia de lineamientos que apuntan a la reducción de las brechas por medio de la inversión social focalizada, así como al fortalecimiento de los programas destinados a la empleabilidad. No obstante, algunos informes de seguimiento que dan cuenta de este tipo de esfuerzos pocas veces dan cuenta de una reducción sostenida de la pobreza, aunque existen informes como el de Cali Cómo Vamos que afirman que no basta con el compromiso institucional para que semantizar la reducción sostenida de la pobreza dependa no solo de los esfuerzos institucionales, sino de las estructuras, como un crecimiento económico inclusivo, educación de calidad y la formalización laboral.


La pobreza extrema que atraviesa la ciudad de Cali es una problemática que no ha surgido recientemente. En efecto, la ciudad ha recibido durante muchos años a la población desplazada, por la guerra en Colombia, en particular en las zonas de mayor concentración de la población en el oriente de la ciudad. El crecimiento de la ciudad, muchas veces acelerado y sin suficiente planeación, dio como resultado estos nuevos barrios con déficit de infraestructura y de servicios públicos y sin posibilidades de ingresos económicos. Ante esta situación, la pobreza extrema parece operar en un círculo vicioso difícil de romper.


Esta problemática no se reduce solamente a una escasez económica; consiste en una situación de vulnerabilidad, la cual pone en riesgo derechos básicos. El filósofo John Locke afirmaba que toda persona tiene tres derechos naturales fundamentales: el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la propiedad. Pero cuando profundizamos en la pobreza extrema, encontraremos que la falta de la alimentación básica para la subsistencia implica un riesgo al derecho a la vida; cuando la persona debe aceptar cualquier trabajo informal sin ninguna protección social debido a la necesidad, este derecho a la libre elección se convierte en el derecho a la pura subsistencia; cuando no se tiene propiedad, casa o estabilidad económica, el derecho a la propiedad se vuelve casi de difícil acceso. Por lo tanto, la pobreza extrema en Cali no únicamente habla de una desigualdad social, sino de una débil deuda pública y ética con aquellos que no pueden ejercer en plenitud sus derechos. Si Cali busca avanzar en una senda de verdadero desarrollo de la ciudad, deberá comprender que la lucha contra la pobreza no es un acto caritativo, sino una necesidad para que se viva con dignidad y que se garanticen los derechos fundamentales a sus ciudadanos.


 
 
 

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